Hoy en día
vivimos apurados, siempre con poco tiempo para cocinar, para sentarnos a comer,
para disfrutar del almuerzo o la cena. Si bien los cambios en el estilo de vida
nos van dando mayor confort y cada vez hay más innovaciones en cuanto a
alimentos, esto promueve hábitos no tan saludables que están provocando graves
repercusiones en la salud y el estado nutricional, no solo nuestro, sino también
de nuestros hijos. Es alarmante que ya se esté viendo en niños afecciones como
hipertensión, alteraciones en el colesterol u obesidad.
Las causas son claras: seleccionamos comidas rápidas o preelaboradas, que por lo general
contienen gran cantidad de grasas, sal y azúcar, y nos olvidamos de las frutas y
verduras. Las bebidas que acompañan estas comidas son refrescos azucarados que
solo aportan calorías y no nutrientes. Muchas veces nuestros hijos se levantan
tan sobre la hora de ir a estudiar que salen sin desayunar, y así olvidamos los
lácteos y que el desayuno es la comida mas importante del día. Para la merienda
escolar compramos snacks,
golosinas o algunas galletitas; y muchas veces le dejamos la responsabilidad a
nuestros propios hijos de escoger su merienda, comprando no siempre lo mas
beneficioso.
Lo bueno es que podemos cambiar esta selección, solo depende de nosotros. No es una tarea fácil.
Sabemos que el tiempo nunca nos alcanza, que hay una gran oferta de alimentos
que llaman la atención de los pequeños (quienes nos convencen con facilidad),
sustentados además por una enorme carga publicitaria. Pero si se trata de
nuestros hijos vale la pena hacer el esfuerzo.
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Dedica un tiempo mínimo para planificar tus compras y tus comidas.
Hay preparaciones que son saludables y requieren poco tiempo para su elaboración.
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Incluye diariamente frutas y verduras.
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Reemplaza los refrescos por jugos de fruta o agua.
Reserva los refrescos para ocasiones especiales.
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No dejes que tu hijo salga sin desayunar.
Levántalo de modo tal que pueda hacerlo.
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Escoge meriendas saludables
:
yogur, galletitas integrales, frutas, barras de cereales.
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Incentiva a tu hijo a que juegue al aire libre
, a que practique deportes o simplemente que camine todos los días.
Es en la niñez
donde nuestros hijos empiezan a formar su comportamiento y su estilo de vida, y
es aquí donde los padres debemos promover buenos hábitos y enseñarles con el
ejemplo a comer sanamente.